NUESTRA ESCUELA PÚBLICA
Han pasado 6 meses desde la suspensión de la Huelga Nacional Indefinida convocada por las bases del magisterio desconociendo el CEN-Sutep Patria Roja. Este movimiento de masas nació en el sur del país, específicamente en la ciudad del Cusco llegando a la ciudad de Lima como una poderosa avalancha, trayendo hasta las puertas del Congreso lo que es justo y necesario para nuestra sociedad, una sociedad donde el agro, la minería y la pesca son las principales fuentes de ingreso y que además, se erige sobre los hombros de nuestros hermanos campesinos, pescadores y mineros que son explotados por el Estado peruano, principalmente por la clase gobernante y la gran burguesía nacional con sus sirvientes los congresistas que entran a legislar a favor de esta clase y no para defender los intereses de nuestro pueblo. Así mismo, otras de las formas de ingreso de muchas familias es el comercio informal y ambulatorio, según fuentes del “INEI, son informales 6,66 millones de empresas y el 73% de los empleos. En agro y pesca el 91% trabaja en informalidad.”
Los sectores más golpeados de nuestra sociedad que se encuentran en la capital, viven en los alrededores o también llamados conos. Allí se concentra la gran masa que subsiste trabajando en su gran mayoría en la informalidad, trabajos no estables, también comerciantes minoristas, etc. Y es precisamente en estos sectores de la población donde hay mayores índices de delincuencia, sicariato, extorsión, pandillaje, alcoholismo, drogadicción, deserción escolar, embarazo precoz, etc. Sin hacer mención a los casos de violación, narcotráfico, prostitución y muchos otros lastres de la sociedad que existen en diferentes partes del país.
Cuando el Estado ha tomado en agenda los problemas que se menciona, es porque se ha exacerbado los problemas de tal manera que no puede ser tapado por los medios de comunicación, sino por el contrario, estos lo muestran como una total normalidad del día a día, como si nuestro pueblo tuviera que resignarse a vivir con estos problemas.
Cuando la huelga magisterial rebasó todos los caudales, hasta el punto que nadie, ni ningún grupo político, ni las fuerzas represoras del gobierno pudo contener su inevitable desarrollo, es cuando el Estado volteó la mirada al sector de la educación. En un primer momento la capital del país era indiferente, no solo era indiferente a la huelga del magisterio sino que además, y aún más grave, fue la indiferencia hacia la situación en la que se encuentra la EDUCACIÓN en nuestro país. Una vez puesto en portada por todos los medios la situación de la educación que está conformada por los estudiantes, profesores, padres de familia, es cuando podemos apreciar con crudeza las condiciones en que se encuentra nuestra educación.
Hoy, marzo, a pocos días de iniciar el año escolar, el presente de la escuela pública merece ser tomada en cuenta como una de las instituciones realmente eficaces para revertir el gran caos de nuestra sociedad, y ya no como un problema coyuntural. Los ejemplos de la situación precaria de nuestra escuela pública brota por los barrios donde vayamos, desde las zonas urbanizadas hasta las más alejadas de la ciudad. Es el caso de la institución educativa Monitor Huáscar ubicado en San Juan de Lurigancho. Hace meses que Defensa Civil declaró en emergencia dicha institución; ante el abandono del Estado, los padres ayudaron a reconstruir el colegio con aulas prefabricadas. A ese colegio llegan menores de distintos asentamientos humanos: Huáscar, 5 de abril, Belén y Los Milagros. El Sutep planteó al Ministerio de Educación posponer el inicio del año escolar dado que consideran que las condiciones actuales no otorgan seguridad. Según Pronied, solo el 24% de las edificaciones en colegios públicos están en buenas condiciones.
Justamente el pueblo peruano defendía la escuela pública, aquella que sobrevive y pudo mantenerse a diferencia de los demás sectores básicos como el agua y la luz, estas dos privatizadas.
La situación de la escuela pública merece una amplia reflexión y estudio de sus condiciones actuales, desde las materias que se imparten en las aulas hasta la organización misma de la escuela y en general de sus aparatos burocráticos estatales. Lo merece no solo para saber de su situación real, sino para transformarla y hacer de la educación una herramienta al servicio del pueblo.
“No es posible democratizar la enseñanza de un país sin democratizar su economía y sin democratizar, por ende, su superestructura política.” -José Carlos Mariátegui

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